El amor
ha sido y es motivo constante de la creación literaria, así como también de
muchas otras manifestaciones de la cultura. Lo encontramos tanto en mitos y
leyendas de la antigüedad, como en obras literarias contemporáneas; en
expresiones musicales, pictóricas y escultóricas de distintas épocas, como en
textos filosóficos, en películas, teleseries, en las letras de canciones, en
fin, en múltiples y diversos productos de la cultura.
Pero
también, el amor constituye frecuente referencia en las conversaciones de los
seres humanos, en lo que ellos escriben suele decirse que casi sin excepción
todos alguna vez hemos escrito o un poema o una carta de amor o por lo menos
una nota expresiva de ese sentimiento.
El
amor es también frecuente tema de nuestros diálogos interiores, de las
confidencias que se hacen entre amigos, de las consultas que reciben sicólogos,
médicos o especialistas en temas afectivos. Y es que el sentimiento y experiencia
amorosos, en la inmensa variedad de sus manifestaciones, son decisivos en la
existencia humana, expresión de anhelo de traspasar los límites de nuestra
individualidad, de proyectarse en el otro, de fundirse y ser uno con él.
El amor
es una experiencia compleja que muchas veces resulta inefable, que se resiste
al análisis de la razón y que ha dado lugar, en el ámbito de la creación
artística, a variadas formas y modos de representarla y expresarla.
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