El
cuento como unidad de trabajo por excelencia del relato fantástico y de terror
fue eficazmente establecido por Edgar Allan Poe. De hecho, en uno de sus
estudios teóricos3,
mediante un interesante pasaje, nos hace observar los procedimientos que se
deben seguir para conseguir componer un buen cuento de terror:
«Un
hábil artista literario ha construido un relato. Si es prudente, no habrá
elaborado sus pensamientos para ubicar los incidentes, sino que, después de
concebir cuidadosamente cierto efecto único y singular, inventará los
incidentes, combinándolos de la manera que mejor lo ayude a lograr el efecto
preconcebido. Si su primera frase no tiende ya a la producción de dicho efecto,
quiere decir que ha fracasado en el primer paso. No debería haber una sola
palabra en toda la composición cuya tendencia, directa o indirecta, no se
aplicara al designio preestablecido. Y con esos medios, con ese cuidado y
habilidad, se logra por fin una pintura que deja en la mente del contemplador
un sentimiento de plena satisfacción. La idea del cuento ha sido presentada sin
mácula, pues no ha sufrido ninguna perturbación; y eso es algo que la novela no
puede conseguir jamás. La brevedad indebida es aquí tan recusable como en la
novela, pero aún más debe evitarse la excesiva longitud.»
Poe
encontró la fórmula para conducir el terror a través de las palabras de una
forma eficaz y contundente. El equilibrio y la contención que impone una
narración breve, facilitan el estrecho control de lo que se narra y permiten
moderar hábilmente la tensión. El lector, atraído por lo que lo asusta cada vez
más, es conducido a través de la telaraña narrativa, en manos de una técnica
depurada que basa su eficacia en la creación de una atmósfera sugerente,
gracias a los mecanismos psicológicos que convierten lo macabro en un objeto de
placer estético.
Para
poner en marcha el engranaje terrorífico, la descripción tiene un papel
fundamental en el género. La descripción de la atmósfera, los personajes
(física y psíquicamente), los espacios, la situación, etc.
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